Del código a la galería
Mientras computadoras ocupaban habitaciones enteras, artistas visionarios negociaban con ingenieros para imprimir piezas únicas. Cada listado de instrucciones se convertía en obra; y el público, sorprendido, descubría que la frialdad aparente del cálculo ocultaba variaciones sutiles, silencios, repeticiones y desequilibrios capaces de provocar auténtica contemplación.